jueves, 23 de febrero de 2012

Mi primer comic de Batman

Nota: Este articulo es una adaptación de otro que ya publiqué en un blog sobre Batman que decidí no tener más. Aclaro por si a alguien le suena a "esto ya lo leí".

Hijo mio: Quiero que a través de mi experiencia aprendas ciertas cosas, ¿no es eso lo que un padre da a su hijo? ¿conocimiento a base de sus experiencias propias? La verdad es que el titulo de este escrito no es tan fiel a lo que voy a relatarte. La cosa es que ya previamente había leído la adaptación al comic de la película Batman

(1989) de Burton, y seguramente tuve alguna historieta en mi edad mas temprana (ya que mi propio padre es un aficionado a Batman desde su infancia, algo que inculcó en mi), pero no llegan al nivel de ser el “primer” comic de Batman, propiamente dicho, que tuve y leí con plena conciencia de saber que estaba leyendo.

Esto lo aclaro ya que la adaptación básicamente contaba lo mismo que el filme pero resumido (con excelentes dibujos de Jarry Ordway eso si, adaptada por el genio Denny O’Neil), y no califica como un comic de la corriente principal del personaje en el universo DC, y en mi edad previa a los ocho años leía mas al Pato Donald o Patoruzú (o incluso algún número de The Spirit, de Will Eisner), que era lo que mi papá me compraba.

Empezaba 1993 y fuimos, como (casi) siempre, de vacaciones a Córdoba capital, a visitar abuelos y parientes varios. Yo vivía en esos tiempos en Libertador General San Martin, Ledesma, provincia de Jujuy. Tenía auge el “Family”, y aunque yo no tuve consola hasta dos años mas tarde, compraba reincidentemente la revista OK Consolas.

Compartí mis dias en la Docta con mis primos llegados de Misiones, Carlos y Mario. Mi tía Mabel les había comprado la Batman nro. 17 y la Superman nro. 16, de quien por esos días editaba comics de DC en Argentina, la editorial Perfil.

La cosa es que mis primos al terminar las vacaciones dejaron las revistas en casa de mi abuela. Fui a cagar, y sobre una estufa de gas que había en el baño del fondo estaba el Batimóvil picando con una Ferrari en una tapa formidablemente dibujada por un gran Norm Breyfogle.

Arrancaba mas o menos así: Batman esta parado en un semáforo, un tipo lo increpa para jugar una carrera, choca y cuando Batman lo atrapa se desintegra como si fuese de papel picado. En realidad el tipo es un “tulpa”, una proyeccion mental de un hindú que es asediado por mafiosos y el tipo manda a estos “tulpa” a chorear para pagar su deuda. Cuando se da cuenta que no puede hacer nada invoca a un “tulpa” mas salado, un mono de seis brazos llamado Mahakala, y queda en continuará.

Recordemos que en esos días, sin Internet, sin comiquerías, sin nada, uno compraba (o le compraban, mejor dicho) la “revistita” que estuviese en el quiosquito de diarios en la esquina. Y asi te llegaba el número 10, y después comprabas el 22, y si decía continuará y no habías podido comprar el número de la semana anterior: a comerla.

Bien, me fui por las ramas.

Las películas de Burton seguían muy fuerte en mi cabeza, por lo cual no entendía porque el batimovil era tan distinto. Batman interactuaba con los policías muy pancho y caminaba por la mansión con el traje puesto pero sin la capucha. Esa ultima imagen fue lo que mas fuerte me pegó en la cabeza: Batman era un tipo que vivía en su mansión y es Bruno Díaz al mismo tiempo, no se convierte solo cuando va a la cueva. Vive como Batman. En la mente de un chico de poco más de diez años eso es un flash. Rompe la estructura del héroe intocable y lo humaniza a más no poder, Batman camina por su casa sin careta, eso es Batman puro.

La cosa es que recuerdo haber alucinado de forma tan profunda que rompí mucho las bolas para que me compraran la continuación. Mi viejo entonces fue y me compró la Batman nro. 18 de Ed. Perfil. Mahakala empezaba a causar destrozos, el encapotado no puede frenarlo con nada y va a buscar a un tal Jason Blood, que en esos días lo único que yo sabía de él era que era un tipo con un fleco blanco. Ah, y vivía con un turco.

También terminaba en continuará.

Nunca compré el número siguiente.

Después me compraron algún número más adelante, aleatoriamente.

Un años después mis viejos se divorciaron. Yo vine a vivir a Córdoba y mi mamá se dedico a pasar esporádicamente por las librerías de saldos y traerme número o hasta álbumes (los españoles aglutinan de a cuatro o más números y los encuadernan para coleccionistas, con tapas de cartón blandas) pero editados por la mítica editorial Zinco, llegados desde la madre patria.

Leí etapas muy lindas entre los once y catorce años: a veces Jim Aparo dibujaba, a veces hasta Todd McFarlane antes de ser famoso por Spawn, a veces Alan Davis, a veces Mike W. Barr escribía, a veces Denny O’Neil.

Pero siempre atesoro ese número que todavía tengo (pueden ver la foto acá), hoy sin tapa vaya a saber porque inclemencia del tiempo, pero impecable y vuelto a ser leído mil veces. Es raro como puede uno pasar por Alan Moore y su broma asesina, por el caballero oscuro de Frank Miller, por el “Hush” de Jim Lee, y aún así siempre volver a una saga de tres números mediocres escritos por Alan Grant.

Ah si, hace un par de años me metí a una librería de mala muerte en calle La Rioja y en contré el número que me faltaba, el 19, ahí esperándome entre revistas de los Nuevos Titanes y algún número de Halcón y Paloma. Y por fín completé y pude leer completa “Tulpa” escrita por Grant, dibujada por Breyfogle y descubrí como Etrigan ayuda a Bats a frenar a Mahakala. Fin.

Fue una odisea de casi 17 años, pero por fín pude cerrar la historía y darle un final.

Espero hijo que vos también disfrutes de las historietas tanto como yo lo hice y lo hago el día de hoy. Es una de las cosas mas entretenidas y divertidas de hacer en el mundo. El cine, los comics, los muñecos, los juegos de mesa, esas cosas que vas a ir descubriendo son parte de un mundo a descubrir que resulta mas fascinante a cada momento. Y yo te voy a ayudar a descubrirlo.

Te amo: Papá.

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