miércoles, 14 de marzo de 2012

Un hincha de San Lorenzo que vivía en la Boca

Creo fervientemente que una parte importante del tiempo lúdico que un nene necesita debe ser ocupado por la lectura, aún cuando todavía no sepa leer, creo que los papás debemos ser los encargados del relato: contar cuentos antes de dormir es la forma mas común.
Desde chico me interesé por la lectura en el formato que fuera, los cómics ocuparon el espacio mas grande, eso seguro. Uno de los recuerdos mas cercanos a la "literatura" fueron unos extraños y viejos libros de tapas color verde en casa de mi abuelo materno (libros que pertenecían a mi vieja y mis tios de chicos) con fabulas de Andersen, Perrault, los Grimm y algunos otros relatos que me eran totalmente nuevos. Los que mas recuerdo eran uno llamado El Dragon Rojo (Todavía tengo ese libro, lo pueden ver en la foto que ilustra estas lineas), y otro algo asi como La Flecha Envenenada, ambos con dibujos de lo mas extraños pero interesantes, que casi daban miedo a un nene de poco mas de 5 o 6 años.
La cosa es que apenas aprendí a escribir empecé a redactar mis propias historias. Al principio aventuras de He-Man que se me ocurrían mientras jugaba a los muñecos. Después, un poco mas largo, agarre un cuaderno al que le quedaban unas 10 hojas y escribí una historia de como Belgrano y San Martin se conocían, peleaban, y Don José mataba en duelo al creador de la Bandera. Fue mi primer "libro". Se lo regalé a mi Nona.
La aventura de un James Bond argentino, y un relato de amor lo mas bizarro donde un hincha de San Lorenzo, que vivía en la Boca, se enamoraba de una chica que estaba de novia con un hincha bostero. También había duelo al final, muerte del villano, y la feliz pareja se unía en un besito. Todo esto sin haber superado los 9 años.
Al día de hoy escribo, y estoy en proceso hace un par de años de una novela inacabable.
Cuando mi mujer y yo nos enteramos que estábamos embarazados lo primero que pensé fué: "Tengo que escribirle algo", y me largué a la tarea de escribir cuentitos donde le quedará una enseñanza a mi hijo, donde el fuera el protagonista exclusivo y héroe de la historia, lo que me parecía un regalo excelente, único y exclusivo. Los llame: "Las aventuras de Bruno, el niño aventurero". Los dos primeros que escribí (uno basado en un relato de Conan, otro en el origen del Hombre Araña y Superman) son demasiado largos y hasta quizá un poquitin pretenciosos, hasta para un nene de edad avanzada, asi que bajé un cambio un día y escribí esto que les muestro a continuación. Es un cuento cortito, con una premisa simple, que solo me interesa que sirva de "enseñanza" para un nene chiquito. Y creo que de cierta forma, funciona. Espero que les guste.

Bruno, corredor de autos

Rojo, amarillo y… ¡Verde! ¡Largaron!.
El auto rojo conducido por Bruno, el gran corredor de autos de carrera, rápidamente se pone al frente dejando a los otros contrincantes a mucha distancia.
Bruno acelera y dobla en una curva a gran velocidad, ni el mismísimo “Rayo” Mcqueen podría hacer lo que él hace en una pista de carreras.
Un auto verde, con el número 5 en el frente se acerca a gran velocidad. Bruno aprieta el volante, da giros cortitos para hacer zigzag e impide que el auto lo sobrepase, acelera más y de nuevo lo deja atrás sin mas problema.
Entrando en la zona del bosque, con camino de tierra y piedritas… ¡Pum! Una goma del auto pincha y Bruno se ve obligado a frenar al lado de la pista. Unos segundos después la cola de autos de sus contrincantes pasa a toda velocidad. Bruno está triste y muy enojado con su auto, él estaba seguro de ganar. Llama por radio a su mecánico, que resulta también es su papá, quien viene al rescate al poco rato.
Bruno lo vé y se alegra: “Papá, que bueno que llegaste”, le dice contento.
“¿Qué pasó Bruno?” le pregunta su papá-mecánico.
“Pinché una goma” le responde Bruno, el gran corredor, “pero ahora que estás acá podemos sacar una de las ruedas de tu camioncito y ponérsela a mi auto de carreras así puedo seguir, ¡todavía puedo ganar!”.
“Pero eso sería hacer trampa Bruno, y eso está muy mal. Deberías arreglar “TU” rueda”, papá-mecánico siempre sabía que decir.
Bruno se enojo pero después de pensarlo puso manos a la obra para arreglar “SU” rueda, ya que su papá-mecánico no iba a hacer la trampita que Bruno quería.
Demoraron un ratito, poco más de un minuto, en parchar la goma con cinta, inflarla y que Bruno el corredor pueda seguir la carrera, mientras contaban chistes y se hacían bromas. Bruno se dio cuenta de que estar con su papá arreglando algo era más divertido que ganar cualquier carrera.
Bruno se subió al auto, se ajustó el casco, arrancó y antes de salir le dio las gracias a su papá-mecánico.
Bruno llegó al final de la carrera cuando ya había terminado, pero aún así todo el público que estaba esperándolo lo aplaudió con mucha fuerza.
Y así Bruno, el gran corredor de autos de carrera, aprendió que estaba mal hacer trampa, que uno debe resolver sus propias cosas, y que ganar no era tan importante, sino llegar a la meta.
Después de terminar, se fue a tomar la leche con su mamá y le contó la gran aventura que es correr una carrera y aprender a ganar sin llegar al final en primer lugar.

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